Reflexión
El Arte de amar el Silencio: Encontrándome en la Pausa
Vivimos la vida como si la pausa fuera un error, como una mancha en la partitura. Pero ¿qué pasa si el silencio entre nota y nota es justo lo que le da sentido a la melodía?
Lo sé, hemos aprendido a necesitar el ruido. Al menos yo. El podcast, la llamada, la conversación, el audiolibro… He convertido mis tiempos libres en tiempos “productivos”, en espacios donde tengo que aprender algo, donde tengo que hacer algo. Y el descanso ha quedado de lado… un poco, o tal vez mucho.
A veces pienso que es una forma de llenar el vacío. No para escapar, sino porque nos aterra escuchar nuestras voces interiores. Porque cuando todo calla, algo dentro empieza a hablar. Y es en la noche, cuando el mundo se obliga a guardar silencio, cuando mi cuerpo logra decirme lo que mis emociones han estado intentando expresar.
Me he encontrado noches llorando, riendo, imaginando mil historias, escribiendo, creando. Y entonces me pregunto: ¿por qué esperar hasta la noche?
Hoy estoy aprendiendo a amar el silencio. A dejar de necesitar el ruido. A soltar la urgencia de sentirme útil todo el tiempo, de aprender algo siempre, de sumar algo en cada instante. Estoy aprendiendo a simplemente estar.
Me he descubierto bañándome y sintiendo el agua, nada más. Sin pensar en lo que tengo que hacer, en lo que sigue, en lo que podría aprender o crear. Solo sentir. Sentirme viva. Cocinar sin prisas, dejar el celular a un lado, boca abajo. Oler, saborear, disfrutar. Jugar con mis chaparritos sin distracciones, dejando el teléfono lejos y regalándoles presencia real. Regalarme vida.
Y no, no es que esté cansada de todo. Es que estoy aprendiendo. Y recordándome que la reflexión es uno de los trabajos más importantes que existen.
Regálate cinco minutos de silencio.
¿Qué te dirían a ti esos cinco minutos?

