Poema
Espalda con espalda
Yo no creía en príncipes
ni en llegadas oportunas
que arreglan la vida
como quien cambia de estación.
Desconfié siempre
de quien promete sacarte
de una realidad purgatoria
sin mancharse los zapatos.
Yo he creído más
en el compañero.
En el que no ofrece atajos,
pero se queda.
En el que entiende
que hay batallas que no se ganan
y aun así se pelean
espalda con espalda,
como quien sabe
que rendirse también cansa.
Y cuando algo te da miedo,
cuando el mundo parece
una frase mal escrita
y no encuentras el sentido de seguir,
que sea en su pecho
—ese lugar sin decoraciones—
donde el silencio ordene las dudas
y todo vuelva a tener
una forma habitable.

